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Totoro y la Ciudad del Ajedrez

La narración que presentamos ha sido escrita por Carlos Rueda, uno de mis alumnos de 2º de Educación Primaria del Colegio Carazony. Ha sido corregida y retocada por mí, procurando conservar el sentido y la forma expresiva del relato. Me ha sido imposible reproducir los bellos dibujos que ilustran la historia. Los personajes de la historia que se desarrolla en la Ciudad del Ajedrez son Totoro (un perro), un dragón cuyo aliento no encendería ni una vela, un gigante enano, las piezas blancas y las negras y el protagonista (un niño o una niña). En fin, espero que les guste y les resulte entretenida, aunque tiene un final…

TOTORO Y LA CIUDAD DEL AJEDREZ

Era un día normal en la vida de un niño normal hasta que descubrí que mi cuarta novia había desaparecido. Ya estaba harto de que desaparecieran, así que sospechaba que a esta última le hubiera ocurrido algo terrible. Sin embargo, mientras investigaba lo sucedido llegó hasta mí el rumor de que mientras estaba dando un paseo por el bosque había sido secuestrada. Así que me puse manos a la obra e inicié una vez más una investigación para averiguar lo ocurrido.

Durante las primeras pesquisas me encontré con mis amigos jugando en el campo. Los saludé y   les pregunté si habían visto algo sospechoso o si sabían algo y me contestaron que NO. Me aconsejaron que me acompañara Totoro, el gigante enano y el dragón. Así que los reuní y nos pusimos en camino. Pasado un tiempo vimos una cuerda que trepaba hacia arriba. El gigante me impulso con todas sus fuerzas hasta que agarré la cuerda con una mano y a Totoro con la otra, el gigante saltó y agarró la cuerda como pudo y el dragón subió por los cielos hasta que llegamos a la ciudad del ajedrez en cuyo extremo pude ver con mis lentes una torre y en ella a mi novia atada.

Entonces, se nos acercó un alfil que nos recomendó tomar el camino más largo porque el rey estaba cabreado con las piezas negras. Tomad un mapa -dijo- que ya he hablado demasiado. Nos despedimos y al observar el mapa nos dimos cuenta de lo largo que era el camino. No obstante, decidimos ir por él.

Al principio del camino tropezamos con una dama muy enfadada que gritaba a las piezas negras. ¡Os la vais a cargar! -chillaba-. Le pregunté por qué razón estaba tan enojada con los miembros de su grupo y me advirtió que las piezas negras eran malvadas y que eran sus enemigos. A su vez ella me preguntó que hacía con un gigante enano, un dragón y un perro por allí. No dije nada, pero Totoro le dijo que él había aprendido a jugar al ajedrez en una hora y le propuso jugar una partida. Quedaron en tablas por ahogado. La dama nos pidió que nadie supiera nunca quién ahogó a quién. A la conclusión de la partida felicitó a Totoro por su buen juego y nos aconsejó que tuviéramos mucho cuidado con los peones negros.

Seguimos nuestro largo camino y justo cuando habían pasado algunas horas, nos asaltaron y rodearon ocho peones negros. Les dije que Totoro sabía jugar al ajedrez y se echaron a reír a carcajadas. Los miré airado y los desafíe a participar en un concurso contra Totoro con preguntas acerca del ajedrez. Si ganaba Totoro, entonces, nos dejarían pasar y si perdía seríamos devorados por ellos.  Ese fue el trato. El gigante enano y el dragón temblaban de miedo, pero yo confiaba en Totoro y sabía que pondría todo su empeño en recordar las lecciones de ajedrez que había recibido en una hora.

-¿Qué pasa cuando un peón llega al final del tablero? -pregunté en voz alta para que todos los peones y Totoro escucharan bien la pregunta-.

-Que se puede convertir en caballo, torre, alfil o dama -dijo Totoro antes de que ningún peón negro levantara la mano-

El gigante enano y el dragón gritaron con entusiasmo: ¡Punto para Totoro!

-¿Cuántas formas hay de hacer tablas?

Nadie la sabía y no pude entender cómo Totoro había olvidado ya su partida con la dama. Quizá el cansancio del camino le estaba afectando.

-Última pregunta: ¿cómo se desplaza la dama?

-Hacia todos los lados -contestó Totoro antes de que el peón más listo pudiera abrir la boca.

Totoro y los demás saltaban de júbilo al ganar dos a cero.

Al seguir nuestro camino llegamos a un lugar de cuadrados blancos y negros dividido por una raya y a un lado de la raya había peones negros y al otro blancos que no paraban de insultarse. Era un caos, todos se estaban insultando. Seguimos nuestro camino disimuladamente, pero uno nos descubrió y gritó ¡Intrusos, Intrusos! Corrimos a toda prisa con el corazón en la boca hasta que los despistamos subiendo las escaleras de la torre donde habíamos visto a mi novia. El gigante enano estuvo a punto de ser atrapado porque tenía las piernas muy cortas para correr tan deprisa.  Al llegar a la cima de la torre, íbamos tan aprisa que no vimos un enorme hueco por el que caímos, resbalando por un interminable tobogán que nos encantó. Al final del tobogán había un montón de guardias de piezas que custodiaban a mi novia que estaba en la cima de una torre interior. Subimos y allí se hallaba el rey de las piezas blancas que tenía fama de ser el mejor de los jugadores de ajedrez de la Ciudad del Ajedrez. Hicimos un trato: si Totoro le ganaba una partida, liberaría a mi novia.

A punto estuvo de perder, pero al final Totoro pronunció las  palabras más alegres del ajedrez: ¡JAQUE MATE! Despues de esto, el rey se enfadó tanto que ordenó que lanzaran a mi novia al vacío para que muriera.

FIN

Categorías:AJEDREZ ESCOLAR, Relatos